Estamos en la era de los ecosistemas colaborativos. Las organizaciones buscan generar lazos con socios de negocios, sector público, instituciones civiles, empresas de otras industrias y hasta con competidores con los que puedan entablar alianzas estratégicas mutuamente convenientes. 

Las alianzas tuvieron un notable incremento en los últimos años debido, principalmente, a que muchas empresas, incluso las más poderosas, percibieron que sus recursos humanos, tecnológicos y financieros son limitados. Es por ello que se empezaron a aliar con otras instituciones para seguir compitiendo y, a la vez, desarrollando una estrategia de negocios y de gestión empresarial basada en la colaboración.

Las alianzas estratégicas son “relaciones voluntarias entre organizaciones en una o varias esferas de actividad en el que se regula el comportamiento futuro a través de la mutua tolerancia”. Estos acuerdos generan intercambios a nivel de competencias y habilidades y en temas estratégicos, permiten el ingreso a nuevos mercados, aportan soluciones innovadoras y suman recursos financieros, técnicos y conocimiento. 

Como indican los autores de este documento, del que tomaremos algunos conceptos, la gestión de las alianzas estratégicas “requiere de un proceso de legitimación que aporta mejor reputación e imagen, así como también abre oportunidades, entre otros detalles.  Además, el desarrollo de las alianzas debe tener en cuenta las diferencias entre culturas, algo que resulta clave en los procesos de negociación. O sea que tiene que poner el foco en la interculturalidad. Se trata de un factor que se relaciona estrechamente con el intercambio entre dos o más culturas, de manera tal que se respete a cada grupo. 

Interculturalidad

Es importante que en las alianzas estratégicas primen conceptos de integración y tolerancia en la convivencia intercultural. Si este factor no es considerado, “no se puede hablar de alianzas como facilitadores entre culturas y como instrumento de desarrollo”.  

Cada persona o grupo tiene una programación mental que puede chocar con otro diferente. Este factor está muy implicado en los procesos de negociación internacional, por ejemplo. Y también en las actividades de cooperación y en las alianzas, e incluso en las relaciones entre grupos diferentes que deben cooperar en una misma organización. En tales situaciones es muy posible que surja desinformación, prejuicios, incertidumbre, frustración y malestar al producirse el contacto entre culturas distintas. En ese marco se puede hablar de interculturalidad “como el reconocimiento de las dificultades que surgen entre culturas diferentes, planteando la posibilidad de compartir valores comunes como resultado de un proceso de convivencia, diálogo y disponibilidad para la comprensión mutua”. 

Procesos de negociación 

Para que funcionen y se sostengan las alianzas deben tener el objetivo de que cada socio o aliado “gane”; debe establecerse un lazo de confianza y un sentido de compromiso. Resulta fundamental mantener una comunicación clara y crear un ambiente de equidad y justicia

Al conformar las alianzas estratégicas lo primero será establecer la misión, los objetivos y las estrategias de cada una de las partes implicadas. Luego se definirán los socios que participarán, para iniciar la etapa de negociaciones, en la que se declararán ciertos principios que regirán el acuerdo. Finalmente se comenzará la planificación de operaciones al detalle.

El punto en el que las partes se detienen a negociar resulta el más importante “pues es ahí donde se expresarán las diferencias culturales, de valores, de opinión y de percepción, entre otros”, como se explica en este documento. En tal instancia la alianza se convertirá en un facilitador sólo si se cumple con ciertos principios: que las partes ganen por mutuo acuerdo, que exista un compromiso serio y que se dé la comunicación intercultural, con flexibilidad y aplicando conceptos de equidad, justicia y transparencia.